Cuarentena technicolor

Me levanto de la cama, me sirvo un café y garabateo: un loop. Así han sido mis amaneceres desde hace que comenzó el confinamiento por esta pandemia que nos sacudió las rutinas.

No me quejo. Después de una década haciendo teletrabajo se me hace imposible comprender a quienes dicen enloquecerse en casa por no poder salir, por equilibrar los quehaceres laborales con los hogareños, por acompañar a los críos en sus tareas escolares, y además soportar 24 horas en casa a parejas, descendencias y mascotas.
Mi querido esposo también tiene años teletrabajando, así que para nosotros es natural compartir (además de todo lo demás) la oficina. Mi hijo tiene una personalidad intensa, desbordante de la energía de la pubertad, y como ahora vivimos en otro país en el que se habla otra lengua, las tareas se transforman en un reto doble.
Además tenemos dos cotorras, un par de rosellas elegantísimas que pierden la compostura gritando como si estuvieran vendiendo verduras en una plaza de mercado.
Nosotros (los cinco) no sobrevivimos juntos, disfutamos la vida juntos, y el COVID-19 (ese monstruo minúsculo que aterroriza a todo el mundo como una plaga vampírica) no ha transformado tanto nuestra dinámica familiar.
Lo que sí ha sido nuevo para mí en esta situación particular, en la que no puedo salir seguido a hacer fotografías para mi Instagram, es retomar el dibujo. Después de tantos años de haber suprimido en mi vida ese maravilloso placer de la niñez y la adolescencia, ahora pongo el entorno en off y me aíslo para volverme una con mis pensamientos, el papel y los lápices.
El amor por el color revivió gracias Glendys Bruzual, una maravillosa ilustradora a la que  siempre le estaré agradecida por el empujoncito que me dio a perderle el miedo a las paletas intensas y a dejar de lado (aunque sea por un rato) el hecho de hacerle bordes negros a los garabatos.
Glendys lanzó hace una semanas su #RetoDeLaOveja, al que podía unirse cualquiera que quisiera dibujar. La invitación fue un Déjà vu continuo a la niñez y un torrente de dibujos con referencias a recuerdos hermosos de entonces (pueden ver todo lo que hice en la historia “Dibujitos” de mi IG). Y además de garabatear, volví a agarrarle el gustico a la escritura y decidí compartir nuevamente textos más personales aquí en el blog. Sí que me tendrán por aquí con mayor frecuencia.
Por eso, si quieren un consejo chiquito pero muy valioso para soltar la mano y dejar salir el color, entonces no duden de seguir a Glendys en su Instagram, allí propone retos, hace transmisiones en vivo y organiza sus propios talleres de ilustración. Seguro que con su estímulo andarán como yo, poniéndole tonos, brillos, contrastes y saturaciones al confinamiento.

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